las palabras cayeron del espacio
con estrépito
y se le incrustaron
en el cerebro
el corazón
los brazos
el vientre
y los pies
con la columna ahora erguida
se abrió camino
hacia la geografía
de los Otros
su extraño decir
derretía témpanos
pero formaba estalagmitas
suavizaba arenas
pero pisaba bosques primarios
ablandaba peñascos
pero petrificaba corales
así vagó dos millones de años
hasta que llegó
al templo de Apolo
y se enredó en el arroyo de Baco
enmudeció doscientos siglos más
y de su tierra en barbecho
y el desierto del verbo
fue recogiendo polvillo
moldeando palabras blandas
y haciéndolas suyas
para siempre
